Quiero hacer el amor con tacto: Quiero que nos toquemos con la mirada Quiero que nos toquemos con los destellos del corazón Que nos toquemos con el deseo Que tu deseo toque el mío Que mi deseo toque el tuyo Que nos toquemos con la piel Que nos toquemos con el pensamiento Que nuestras desinhibiciones toquen nuestras inhibiciones Que mi ser toque todo el tuyo Que tu ser toque todo el mío Así quiero que hagamos el amor: con tacto?
(Autor: Pablo Neruda)
En los más profundos sueños, corre descalza, huye por miedo, se siente sola y perdida, juzgada por su vida.
Y siente una gran derrota, toda su ilusión rota, frente a un gran vacío, llora y tiembla de frío.
Ya casi no habla, no cuenta secretos vivos, no sonríe ilusionada, y mientras se apaga la luz de su mirada, se rinde y se entrega a la oscuridad de la nada.
Frío en la húmeda calzada, en la que ella se encuentra tumbada, al fin fue encontrada, y en su sueño enterrada.
Amanece en su habitación, los rayos de sol calientan su cama, y bajo las sabanas se dibuja, esa mujer que yace sin vida.
Alguien dijo en las noticias, que había una nota en su mano escrita, en tinta roja se leía, "si no tengo ilusión, para que quiero la vida".
(No dejes morir tus sueños)
(Autora: Mia)
Eres como el sol y la luna, como el cielo y el mar, o simplemente, como el blanco y el negro.
Hay algo que me inquieta, me agobia todos los días que me acuerdo de ti.
Cada noche, me siento en mi cama, soltando una lagrima por mi aprecio, cariño y adoramiento, porque tu eres lo único en mi pensamiento.
Intenté olvidarte, pero no pude olvidar amarte.
Si cada vez que pienso en ti, tengo que sufrir, prefiero vendarme los ojos, y tratar de no oírte mentir.
Porque tus mentiras duelen, cada vez que las recuerdo y en tus verdades a veces hasta me pierdo... Porque si en tus ojos, tengo que ver la verdad, solo estaré vagando por un mar, tu no tienes piedad.
Ahora, vete y déjame volar, libre y sin mis ansias de amar, porque te he olvidado, y solo has estado, y estarás.
(Autora: Cristina Gil)
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!
¿Adònde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero
La tarde cayendo está.
En el corazòn tenía
la espina de una pasiòn;
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazòn.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazòn clavada.
(Autor: Antonio Machado)
Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos,
pisados por un nombre y una sombra.
No sé si por un nombre o muchos nombres,
si por una sombra o muchas sombras.
Reveládmelo.
Sé que habitan los pozos frías voces,
que son de un solo cuerpo o muchos cuerpos,
de un alma sola o muchas almas.
No sé.
Decídmelo.
Que un caballo sin nadie va estampando
a su amazona antigua por los muros.
Que en las almenas grita, muerto, alguien
que yo toqué, dormido, en un espejo,
que yo, mudo, le dije...
No sé.
Explicádmelo.
Despierta de caricias,
aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo.
Estremecida y tenue sigo andando en tu imagen.
¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo!
De mi se huyeron horas de voluntad robusta,
y humilde de razones, mi sensación dejaron.
Yo no supe de edades ni reflexiones yertas.
¡Yo fui la Vida, amado!
La vida que pasaba por el canto del ave
y la arteria del árbol.
Otras notas más suaves pude haber descorrido,
pero mi anhelo fértil no conocía de atajos:
me agarré a la hora loca,
y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.
Me solté a la pureza de un amor sin ropajes
que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano,
y hube de verme toda en un grito de lágrimas,
¡en recuerdo de pájaros!
Yo no supe guardarme de invencibles corrientes
¡Yo fui la Vida, amado!
La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo
para darse a mis brazos.
(Autora: Julia de Burgos)